Velocidad en la narración

La velocidad del ritmo en la narración es un error muy frecuente que encontramos en los manuscritos.

 

El estilo narrativo debe estar adecuado a lo que está sucediendo en la historia, para potenciar y dar credibilidad a la acción. Un buen relato mantiene hace “bailar emocionalmente” al lector cuando le somete a situaciones tensas y de placidez alternativamente. Si la forma de escribir no concuerda con esos estados, estamos creando una sensación incómoda en el lector.

¿Cómo podemos hacerlo? Te daremos unas pautas para que las tengas en cuenta:

Momento de tensión.

Cuando está sucediendo una situación de urgencia la narración debe acomodarse a esa prisa y aligerar el texto para ayudar al lector a avanzar en la secuencia. Para ello usaremos frases cortas y poco detalladas teniendo en cuenta que los personajes, en esos momentos, no están pendientes de lo que pasa alrededor porque el tiempo apremia.

No olvidemos que esto se aplica también a los diálogos. Si el personaje se está muriendo y le queda poca energía, pronunciará frases escuetas, a veces interrumpidas o a medias, directas, imperativas y, a ser posible, monosilábicas.

Momento de tranquilidad.

Sin embargo, tras la tormenta llega la calma y el lector agradecerá las partes donde pueda relajarse y recuperar la serenidad. En estos momentos la narración acepta que el escritor deje volar su pluma, usando metáforas, recreándose en describir emociones y sentimientos e incluso sus personajes, tranquilos y contemplativos, se fijen en los más mínimos detalles de su entorno.

Aquí los diálogos pueden ser largos, explicativos y reflexivos, usar expresiones coloquiales que denotan esa relajación. También usarán frases más complejas y subordinadas.

 

Tener en cuenta estas pautas dotará a la narración de cohesión y un estilo único.